¿Alguna vez has sentido que hay cosas que para los demás parecen sencillas, pero que a ti te suponen un esfuerzo enorme? ¿Te has preguntado por qué determinadas situaciones sociales te agotan tanto o por qué algunos estímulos te resultan especialmente difíciles de soportar? A veces, estas preguntas son el comienzo de un proceso de autoconocimiento que puede cambiar la manera de comprender toda una vida.
Cada vez son más las personas adultas que llegan a El Baobab Psicología, nuestro centro de psicología en Mollet del Vallès, con una pregunta que quizá llevan tiempo haciéndose:
«¿Y si tengo autismo y no lo he sabido hasta ahora?»
En ocasiones, la duda aparece después de años experimentando un agotamiento intenso en situaciones sociales, sintiendo una sobrecarga sensorial ante determinados ruidos, luces u otros estímulos, o teniendo la sensación de que relacionarse con los demás requiere un esfuerzo constante.
Otras veces, la pregunta surge cuando alguien cercano recibe un diagnóstico de trastorno del espectro autista (TEA) y empezamos a reconocer en esa persona características, experiencias o maneras de sentir que nos resultan sorprendentemente familiares.
Y entonces sucede algo: empezamos a mirar hacia atrás.
A revisar nuestra infancia, nuestras relaciones, nuestras dificultades y también nuestras fortalezas.
Y quizá, por primera vez, nos preguntamos si hay otra manera de comprender nuestra propia historia.
¿Cómo puede manifestarse el autismo en una persona adulta?
El autismo es una condición del neurodesarrollo que acompaña a la persona a lo largo de su vida. Sin embargo, no todas las personas autistas presentan las mismas características ni las experimentan con la misma intensidad.
Algunas personas llegan a la edad adulta sin haber recibido un diagnóstico, a pesar de haber sentido durante años que su manera de relacionarse, comunicarse o experimentar el mundo era diferente.
Entre las experiencias que pueden llevar a una persona adulta a preguntarse si tiene TEA encontramos:
- Sentir un cansancio intenso después de reuniones, encuentros sociales o situaciones en las que hay que relacionarse con muchas personas.
- Experimentar una sensibilidad especial ante determinados sonidos, luces, olores, texturas o ambientes.
- Tener dificultades para interpretar ciertas normas sociales implícitas, dobles sentidos o expectativas que los demás parecen comprender de manera espontánea.
- Necesitar cierta previsibilidad, rutinas o tiempo para adaptarse a los cambios.
- Tener intereses especialmente intensos o profundos en determinados temas.
- Sentir que durante años ha sido necesario observar, imitar o adaptar la propia manera de comportarse para encajar en diferentes contextos.
Algunas personas han aprendido a camuflar determinadas características, desarrollando estrategias que les permiten desenvolverse socialmente, pero que pueden suponerles un esfuerzo considerable.
Es importante recordar que identificarse con algunas de estas experiencias no significa necesariamente tener autismo. También pueden aparecer en otros perfiles de neurodesarrollo, ante determinadas dificultades emocionales o en personas que simplemente tienen una manera particular de experimentar su entorno.
Por eso, cuando existen dudas, una evaluación psicológica especializada puede ayudar a comprender qué hay detrás de estas vivencias.
Descubrir el autismo en la edad adulta: mirar nuestra historia con otros ojos

Decidirse a realizar una evaluación del TEA en la edad adulta no siempre es fácil.
Significa detenerse, mirar hacia dentro y estar dispuesto a revisar, comprender y ordenar experiencias que quizá llevamos muchos años intentando explicar.
Cuando evaluamos a un niño, poder poner nombre a lo que le sucede puede ayudar a su familia y a su entorno a comprenderlo mejor. Nos permite identificar aquellas cosas en las que necesitará más apoyo, aquellas que tendrá que aprender de una manera diferente y también las características de su perfil que pueden convertirse en fortalezas.
Porque comprender a una persona significa mirarla en su totalidad.
No queremos centrarnos únicamente en sus dificultades, sino ayudarla a desarrollar sus recursos, aprovechar sus capacidades y encontrar maneras de reducir aquello que le genera malestar.
Pero cuando quien llega a consulta es una persona adulta, lleva detrás una historia mucho más larga.
Una historia en la que puede haber habido momentos de incomprensión, dudas, miedos, soledad o una autocrítica considerable.
Quizá durante años se ha preguntado por qué le resultaba tan difícil sentirse parte de determinados grupos, por qué necesitaba tanto tiempo para recuperarse después de algunas situaciones sociales o por qué había tenido que esforzarse tanto para adaptarse a lo que los demás esperaban.
Puede que haya llegado a pensar que era demasiado sensible, demasiado rígida, demasiado intensa o simplemente diferente.
Y a veces, comprender que algunas de estas experiencias pueden estar relacionadas con una manera distinta de procesar la información, relacionarse o experimentar el mundo resulta profundamente revelador.
No cambia lo que hemos vivido, pero puede cambiar la manera en que lo interpretamos.
Cuando comprendernos nos ayuda a tratarnos con más amabilidad
A veces, descubrir que aquello que nos sucede tiene un nombre y que otras personas también experimentan vivencias semejantes puede ayudarnos a sentirnos menos solos.
Puede ayudarnos a entendernos.
A darnos voz.
A concedernos permisos que quizá nunca nos habíamos permitido.
A dejar de exigirnos constantemente funcionar de una manera que no siempre encaja con nuestras necesidades.
Y también a mirar con más comprensión a la persona que fuimos.
A ese niño o esa niña que quizá no entendía por qué algunas cosas eran tan difíciles.
A ese adolescente que intentaba encajar.
O a esa persona adulta que ha dedicado una enorme cantidad de energía a intentar hacer lo que se esperaba de ella.
A veces, lo que más necesitamos no es cambiar quiénes somos, sino comprender por qué somos como somos.
Una evaluación puede ayudar a encontrar respuestas. Para algunas personas, recibir un diagnóstico supone un alivio; para otras, puede despertar emociones diferentes e incluso contradictorias.
No hay una única manera correcta de vivir este proceso.
Lo importante es que cada persona pueda recorrerlo a su ritmo, con información, respeto y acompañamiento.
¿Cómo es una evaluación del TEA en adultos?
En El Baobab Psicología, en Mollet del Vallès, contamos con psicólogas formadas en la evaluación del trastorno del espectro autista en personas adultas.
Nuestro equipo dispone de formación específica en la administración de instrumentos como el ADI-R (Entrevista para el Diagnóstico del Autismo-Revisada) y, en el caso de Marta, también del ADOS-2 (Escala de Observación para el Diagnóstico del Autismo).
Estas herramientas pueden utilizarse cuando están indicadas, como parte de una valoración clínica más amplia.
Durante el proceso de evaluación del autismo en adultos exploramos diferentes aspectos de la persona:
- Su historia de desarrollo y las experiencias vividas desde la infancia.
- Su manera de comunicarse y relacionarse con los demás.
- Sus características sensoriales y su forma de procesar determinados estímulos.
- Sus intereses, necesidades de previsibilidad y patrones de comportamiento.
- Sus fortalezas, dificultades y estrategias de adaptación.
- Su bienestar emocional y la posible presencia de otras condiciones que puedan explicar o acompañar algunas de sus experiencias.
No todas las personas necesitan exactamente las mismas pruebas ni el mismo recorrido de evaluación. Por eso adaptamos el proceso a cada caso y valoramos qué instrumentos e información son necesarios.
Para nosotras, evaluar no consiste simplemente en obtener una puntuación o comprobar si se cumplen unos criterios diagnósticos.
Queremos comprender qué ha vivido esa persona, qué está sintiendo, qué necesita y cómo podemos ayudarla a dar sentido a sus experiencias.
Porque detrás de cada evaluación hay una persona.
Y detrás de cada persona, toda una historia.
¿Qué ocurre después de una evaluación del autismo en adultos?
No todas las personas que deciden iniciar una evaluación buscan lo mismo.
Algunas desean obtener un informe psicológico que recoja los resultados y que pueda ser útil para determinados trámites, como solicitar el reconocimiento de un grado de discapacidad o valorar posibles adaptaciones en el entorno laboral o académico.
En estos casos, el informe aporta información clínica que podrá ser valorada por los organismos correspondientes, de acuerdo con los requisitos de cada procedimiento.
Otras personas buscan algo distinto.
Quieren un documento que no se limite a recoger puntuaciones y resultados, sino que explique su historia de vida, que ayude a comprender las experiencias que han marcado su desarrollo y que tenga también un sentido emocional y biográfico.
Un informe que puedan guardar, releer o compartir con alguien importante.
Una forma de recoger por escrito parte de lo que han descubierto sobre sí mismas.
También hay personas que prefieren recibir una devolución de los resultados y no solicitar un informe psicológico.
Para nosotras es fundamental que cada persona pueda llevar las riendas de su propio proceso.
Que comprenda las opciones disponibles, que pueda expresar qué necesita y que participe activamente en las decisiones sobre su evaluación.
Porque no todas las personas buscan las mismas respuestas ni necesitan hacer el mismo camino.
¿Y si después del diagnóstico necesito acompañamiento psicológico?
Después de una evaluación, algunas personas sienten que han encontrado las respuestas que buscaban y deciden continuar su camino sin iniciar un proceso terapéutico.
Otras prefieren seguir trabajando con nosotras.
A veces, para abordar aquellas situaciones que actualmente les generan mayor malestar: la sobrecarga emocional, la ansiedad, las dificultades en determinadas relaciones, el agotamiento o la necesidad de aprender a reconocer y respetar sus propios límites.
En otras ocasiones, el objetivo es diferente.
Hay personas que quieren dedicar tiempo a revisar su historia, comprender experiencias que les hicieron daño y poder mirarlas desde una perspectiva más amable.
Dar un nuevo significado a momentos que durante años han estado acompañados de incomprensión, culpa o tristeza.
No se trata de eliminar las características autistas ni de convertir a la persona en alguien diferente.
Se trata de acompañarla para que pueda conocerse mejor, identificar sus necesidades, desarrollar estrategias que le resulten útiles y construir una vida que encaje mejor con su manera de ser.
Y también de reconocer sus fortalezas, sus capacidades y todo aquello que forma parte de su identidad.
Porque comprendernos no debería servir para encasillarnos, sino para ampliar nuestras posibilidades de vivir mejor.

Evaluación del autismo en adultos en Mollet del Vallès: estamos aquí para ayudarte
Si hace tiempo que te preguntas si puedes tener autismo, si te reconoces en algunas de estas experiencias o si simplemente sientes que hay aspectos de tu manera de funcionar que te gustaría comprender mejor, en El Baobab Psicología podemos acompañarte.
No necesitas llegar a consulta teniendo las respuestas.
Tampoco tienes que haber decidido ya si quieres realizar una evaluación completa.
Podemos escuchar tus dudas, conocer tu situación y orientarte sobre los siguientes pasos.
En nuestro centro de psicología de Mollet del Vallès ofrecemos evaluación psicológica de adultos y acompañamiento adaptado a las necesidades de cada persona.
Para nosotras es un privilegio que nos dejéis formar parte de vuestras historias y poder acompañaros en ese camino de descubrimiento, comprensión y bienestar.
Porque a veces, entender nuestra historia es el primer paso para empezar a vivirla de una manera diferente.
El Baobab Psicología — Mollet del Vallès
Si quieres consultar sobre una evaluación del TEA en adultos, puedes contactar con nuestro equipo y explicarnos qué te preocupa.
Teléfono: 659 13 18 30
Web: www.elbaobabpsicologia.com
Anaïs Cerrillo. Psicóloga col.nº21.116 Psicóloga Clínica y de la Salud.

