Entender las dificultades… y también descubrir las fortalezas.
En El Baobab viven algunos monstruitos muy especiales. Son pequeños, adorables, y nos ayudan a explicar a los niños y niñas algunas de las cosas que les pasan por dentro: lo que sienten, lo que les cuesta, lo que les enfada, lo que les emociona y también aquello que los hace únicos.
Hoy queremos presentaros a los monstruitos del TDAH.
Cuando hablamos de TDAH, muchas veces se habla solo de las dificultades: la falta de atención, la impulsividad, el movimiento constante, la dificultad para organizarse, la sensación de que el tiempo se escapa o la intensidad emocional. Y sí, es cierto: hay aspectos del TDAH que pueden hacer que algunas cosas sean más difíciles.
Pero en El Baobab nos gusta mirar un poquito más allá.
Porque muchas características no son simplemente “buenas” o “malas”. A menudo, una misma característica puede tener dos caras: puede dificultar algunas situaciones, pero también aportar cualidades muy valiosas cuando se comprende, se acompaña y se aprende a utilizar.
El hiperfoco, por ejemplo, a veces puede hacer que una persona se desconecte del mundo exterior. Pero también puede convertirse en una gran capacidad para sumergirse profundamente en aquello que le apasiona.
La impulsividad puede complicar algunas situaciones, pero también puede estar relacionada con la espontaneidad, la frescura, la creatividad y la rapidez de reacción.
La sensibilidad emocional puede hacer que algunas vivencias duelan mucho, pero también permite captar matices, conectar con los demás y vivir las emociones con una intensidad muy rica y especial.
El TDAH no es solo dificultad. Es una forma de funcionar, de sentir, de pensar y de estar en el mundo. Una forma que puede traer retos, sí, pero también dones, fortalezas y maneras muy valiosas de mirar la realidad.
Por eso, cuando trabajamos con niños y niñas con TDAH, no buscamos que dejen de ser quienes son. Buscamos ayudarles a entenderse mejor, a conocer sus dificultades, a encontrar estrategias que les ayuden en el día a día y también a reconocer sus propias capacidades.
Porque entender cómo funciona tu mente —toda ella— es el primer paso para poder cuidarla, acompañarla y sacarle el máximo partido.
¿Cómo pueden ayudar estos monstruitos a los niños?
Estos monstruitos sirven para conocer, entender y poner nombre a lo que me pasa. Nos ayudan a externalizar dificultades sin culpabilizar al niño, a dar sentido a experiencias internas, a hablar del TDAH sin etiquetas negativas, a fortalecer la autoestima y a favorecer estrategias de regulación.

¿Por qué usamos monstruitos para hablar del TDAH?
A veces, a los niños y niñas les cuesta explicar qué les pasa. Pueden sentirse “malos”, “despistados”, “demasiado intensos” o pensar que siempre hacen las cosas mal. Poner forma a esas experiencias a través de personajes les ayuda a tomar distancia, comprenderse mejor y hablar de sí mismos con menos culpa.
Los monstruitos nos permiten explicar que una dificultad no define a la persona. El niño no “es un problema”: está aprendiendo a conocer cómo funciona su atención, su cuerpo, sus emociones y su manera de relacionarse con el mundo.
Cuando un niño puede decir “hoy ha aparecido el monstruito de la prisa” o “creo que mi monstruito del hiperfoco se ha quedado enganchado”, puede empezar a observar lo que le ocurre sin sentirse atacado. Y desde ahí, es mucho más fácil acompañar, regular y construir estrategias.
En El Baobab trabajamos desde esta doble mirada: la que reconoce las dificultades, pero también la que ayuda a descubrir las fortalezas que muchas veces quedan escondidas detrás de ellas.
Y tú, ¿con cuál de estos monstruitos te identificas más?
¿Os gustaría conocer al resto de monstruitos que viven en El Baobab?
Anaïs Cerrillo Hernández
Psicóloga col. nº 21.116
Psicóloga y psicopedagoga, especializada en psicología clínica y de la salud, psicología infanto-juvenil, altas capacidades y desarrollo del talento.

