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¿Por qué mis conflictos escalan y cómo gestionar mejor las emociones?

Madre e hijo gestionando conflictos y emociones en familia

Muchas personas llegan a consulta con la sensación de que cualquier conflicto, por pequeño que sea, acaba creciendo más de lo esperado. Una conversación que se tensa, una discusión que se intensifica o una situación cotidiana que termina generando malestar, distancia o incluso ruptura.

Puede ocurrir en casa, con nuestros hijos, en la pareja, en la adolescencia o en el trabajo. Y suele vivirse con desconcierto: “No entiendo cómo hemos llegado hasta aquí”.

Sin embargo, lo que ocurre en estos momentos tiene mucho sentido si entendemos qué está pasando a nivel emocional.

 ¿Qué ocurre en nuestro interior cuando aparece un conflicto?

Cuando sentimos que alguien nos ataca, nos cuestiona o nos menosprecia, nuestro sistema emocional se activa rápidamente para protegernos. Aparecen emociones como: miedo, ira, ansiedad, tristeza, sensación de injusticia…

Estas respuestas no son casuales. Son mecanismos automáticos que nos preparan para reaccionar ante una posible amenaza. Y tienen mucha relación con cómo he aprendido a sobrellevar conflictos a lo largo de mi vida. En ese momento, nuestro cuerpo y nuestra mente se orientan hacia dos objetivos:  protegernos y  reducir el malestar.

Y esto suele traducirse en: defendernos, atacar, retirarnos o bloquearnos.

El problema no es que estas respuestas aparezcan, sino que se activan muy rápido… y tardan mucho más en calmarse.

 Cuando el conflicto se convierte en lucha:

En muchas ocasiones, sin darnos cuenta, dejamos de intentar resolver la situación y empezamos a centrarnos en “ganar”.

Esto puede ocurrir:

-En discusiones de pareja

-Entre padres e hijos, y otras discusiones familiares

-En la adolescencia

-En el trabajo

Entramos en una dinámica de competencia donde: Queremos tener razón pero nos cuesta escuchar al otro. A veces perdemos de vista su esfuerzo.

Estos sistemas de logro y competencia pueden ser útiles en otros contextos, pero en las relaciones generan distancia y desgaste.

 ¿Por qué los conflictos escalan tan rápido?

Porque lo que está en juego no es solo el contenido del conflicto… sino la emoción que lo acompaña.

Cuando nos sentimos heridos, poco valorados, incomprendidos y/o atacados. Nuestro sistema emocional interpreta peligro. Y desde ahí, reaccionamos.  No respondemos desde la calma.  Respondemos desde la activación. Por eso, muchas veces decimos cosas que no queríamos decir o actuamos de una forma con la que después no nos sentimos identificados.

 ¿Cómo podemos gestionar mejor estos momentos?

No se trata de evitar los conflictos, sino de aprender a transitarlos de una forma más consciente y cuidadosa.

Algunas claves importantes:

1. Nombrar lo que sentimos: Poner palabras a la emoción nos ayuda a regularla: “Me estoy sintiendo muy enfadado”, “Esto me ha dolido”. Simplemente esto ya ayuda a disminuir la activación; al reconocer la emoción, valido que pueda estar sintiéndola.

2. Bajar la intensidad antes de actuar: Cuando estamos muy activados, no es buen momento para resolver nada. A veces, lo más útil es: parar, tomar distancia, respirar y retomar después.

3. Explicar desde uno mismo, no atacar. No es lo mismo decir:  “Siempre haces lo mismo” que  “Esto me hace sentir…”

4. Intentar entender al otro. Aunque no estemos de acuerdo, entender cómo se siente la otra persona cambia completamente la dinámica.

5. Buscar soluciones compartidas. Cuando pasamos de “quién tiene razón” a “cómo lo resolvemos”, el conflicto deja de ser una lucha y se convierte en una oportunidad. Y aquí aparecen cosas muy interesantes…

 Cuando el conflicto también puede ser una oportunidad

Aunque muchas veces lo vivamos con malestar, el conflicto también puede ser una vía de crecimiento.

Cuando se gestiona desde la calma, la empatía y la responsabilidad, puede ayudarnos a: conocernos mejor, a mejorar nuestras relaciones, a fortalecer vínculos y desarrollar habilidades emocionales y sociales; cómo las habilidades de negociación que resultan muy útiles en la vida.

Incluso en la infancia o la adolescencia, aprender a gestionar el conflicto es una parte fundamental del desarrollo emocional.

¿Cuándo puede ayudar acudir a terapia?

Si sientes que los conflictos en tu vida o en tu familia se repiten, escalan con facilidad o generan malestar, puede ser muy útil parar y entender qué está ocurriendo a nivel emocional.

En El Baobab Psicología trabajamos acompañando a niños, adolescentes y adultos en la comprensión y gestión de sus emociones, así como en la mejora de las relaciones familiares, de pareja o personales.

Algunas de las situaciones en las que podemos ayudarte:

-Conflictos frecuentes en casa o en la pareja

-Dificultades en la gestión de la ira o la frustración

-Problemas de comunicación

-Malestar emocional en la infancia o adolescencia

Situaciones de tensión en el entorno familiar

 Si te has sentido identificado/a con este artículo, puedes contactar con nosotras para valorar tu caso de forma personalizada.

 Para terminar:

Entender qué ocurre a nivel emocional cuando un conflicto escala nos permite dejar de verlo como un problema sin solución… y empezar a abordarlo de una forma más consciente.

No se trata de hacerlo perfecto, sino de ir incorporando pequeños cambios que nos ayuden a relacionarnos mejor con nosotros mismos y con los demás.

Y si sientes que los conflictos se repiten, generan malestar o afectan a tu bienestar o al de tu familia, pedir ayuda profesional puede ser un primer paso importante para comprender qué está pasando y encontrar nuevas formas de gestionarlo.

Anaïs Cerrillo.

Psicóloga Clínica y de la Salut. Especializada en Psicólogia infanto-juvenil, Psicopedagogía, Altas Capacidades y Desarrollo del talento.